Felipe creía que por ser contrato a plazo fijo no le correspondía nada. Llevaba 3 años en la misma empresa. Se equivocaba.
Felipe entró a trabajar a una empresa de retail en Antofagasta con un contrato a plazo fijo de 3 meses. Al vencerse, se lo renovaron. Luego otra vez. Y otra. Y una más.
Cuando lo llamaron para decirle que esta vez no iban a renovar, Felipe asumió que no le correspondía nada — total, siempre había sido contrato temporal.
"Pensé que el plazo fijo era como ser de segunda categoría. Que no tenía los mismos derechos."
Estaba equivocado.
El Código del Trabajo es claro: si un contrato a plazo fijo se renueva por segunda vez, o si el trabajador sigue trabajando después de vencido el plazo sin que nadie diga nada, ese contrato se transforma automáticamente en contrato indefinido.
En el caso de Felipe, llevaba 3 años y 4 renovaciones. Legalmente, hacía más de 2 años que tenía un contrato indefinido — aunque el papel dijera otra cosa.
Al tener contrato indefinido, Felipe tenía derecho a indemnización por años de servicio al momento del término. No le podían simplemente no renovar y mandarlo a la casa.
La empresa tenía que haberlo despedido con una causal legal válida y pagarle la indemnización correspondiente a sus 3 años de trabajo.
Fue a la Inspección del Trabajo con todos sus contratos firmados. El inspector revisó las fechas y confirmó que la segunda renovación había convertido su contrato en indefinido.
La empresa fue notificada. Antes de llegar a juicio, acordaron pagarle la indemnización completa: 3 sueldos, más las vacaciones proporcionales que no había usado.
"Guardé todos los contratos que me fueron dando. Eso fue lo que me permitió demostrar cuántas veces me habían renovado."
Guardar los documentos laborales — contratos, liquidaciones, anexos — siempre vale la pena.
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